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Un día en el paraíso

ya hace una semana que estoy aquí, y hoy descanso: un cóctel Maitai en mi vaso, monoi sobre mi piel, una hamaca a la sombra de una palmera, y ya todos esos recuerdos y esas sensaciones que me han chocado desde que bajé del avión. Collares de flores olorosas, pájaros increíbles, los colores irreales del mar; tal variedad   de azules que he tenido que inventar palabras para describir todas esas tonalidades, miles de peces multicolores que venían a picotear pan a mi mano, buceos extraordinarios en aguas coralinas con rayas, tortugas, tiburones, y muchos más peces grandes, motos acuáticas deslizándose por lagunas de aguas cristalinas, y después, el instante mágico: la puesta de sol dorada, cuyos reflejos en las nubes parecía cubrir toda la laguna con un velo de tonos violeta, me digo que en realidad Gauguin no inventó nada : solamente acentuó un poco la realidad.

Haga CLIC para ampliar.También recuerdo mi sorpresa cuando por primera vez vi todos esos islotes (a los que llaman motus) con unas playas color marfil sin fin y   totalmente desiertas, donde uno puede sentirse como Adán y Eva en el alba de la creación. Ese sentimiento de Robinson Crusoe abandonado se esfuma en cuanto se regresa a la pensión de familia : el confort es bien real, mimado por los anfitriones, y por la acogida de los polinesios, amenudo buenas personas y tan auténticos. La semana pasada también tuve la ocasión de estar en un gran hotel, donde tuve la impresión de ser un auténtico bebé mimado en un estuche de elegancia y refinamiento, para terminar cenando con candelabros en la terraza sobre la playa, e intentando encontrar la Cruz del Sur entre todas las constelaciones que forman el cielo austral, seguido un poco más avanzada la noche por las músicas y las danzas polinesias: agudas, lánguidas y salvajes a la vez. En resumen, es un verdadero festival para los ojos y para el corazón, digno de un cuento de hadas.

Esta mañana, después de una escapada alrededor de la isla me he detenido en el mercadillo local : encuentros con los polinesios que viven lejos (pero que muy lejos) de la tensión de mis compatriotas, bromas, risas, intercambios, complicidad, como si la magia de las islas de Tahiti hiciera posible encontrar el placer de las sensaciones auténticas, el placer de vivir a su propio ritmo. También había muchos objetos de artesanía, pareos, y un montón de frutas exóticas muchas de las cuales desconocía por completo. He comprado un maravilloso collar de conchas, otro con cuentas rojas y negras, y también una gran estatua de un tiki con una sonrisa aterradora, esculpido por los artistas de las Marquesas. Con respecto a las perlas negras, tengo que tomarme el tiempo de hacerme aconsejar en una de las muchas tiendas especializadas. Las he visto espléndidas con reflejos verdes. 

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Con los ojos semi abiertos veo a lo lejos, en los jardines todos las flores tropicales de olores embriagadores : frangipanier, tiaré, hibiscos, buganvilleros. De pronto un joven tahitiano pasa junto a mi, tiene un gran tatuaje en el pecho, y bajo el brazo lleva una pequeña tabla de surf. Antes de que anochezca va a perpetuar el deporte del deslizamiento inventado por sus antecesores, mientras que algo más lejos un grupo de piraguas con balancín se se entrena para las competiciones interinsulares. Allá, en la playa, unas despreocupadas vahinés se están ajustando los pareos, preparándose para la fiesta de esta noche.


 Nuestro consejo 
 

 

Su itinerario en función de su estilo..

 

De repente, comprendo a los amotinados del Bounty por no haber querido irse de este maravilloso Edén donde uno quisiera quedarse para siempre. Y de hecho ¿conoce usted a alguien que después de visitar Tahiti no quiera volver algún día? Pues, la verdad, no. ¡y con razón! Pero, ¿por qué tengo que volver a casa?, y, pensándolo bien... ¿realmente tengo que volver ? Pues mira, voy a pensármelo.

Sacado de las notas de viaje de uno de nuestros amigos popaa* (El popaa, es el turista. En realidad popaa significa " quemado ", aludiendo a las pieles blancas que enseguida se vuelven rojas bajo el sol tropical).

 Y si desenrollásemos este texto como un hilo de Ariadna...
"cóctel Maitai, monoi sobre mi piel, collares de flores olorosaspeces multicolores, buceos extraordinarios, lagunas con aguas cristalinasGauguin, esos islotes llamados motus, playas de color marfil, pensiones de familia, grandes hotelesel cielo austral, danzas polinesias, mercadillo, vivir a su ritmo, objetos de artesanía, pareosestatua de tikiperlas negrastatuajetabla de surf, piraguas con balancín, vahinés, la fiesta de esta noche, amotinados del Bounty,  y volver algún dia..."

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